SISTEMAS MONETARIOS PARA UNA NUEVA REVOLUCIÓN ENERGÉTICA

Artículo conjunto de Roger Sallent, Jordi Abadal y Andreu Honzawa

–                    Basado en “Money, Markets and Climate Change” de Shann Turnbull.

Los sistemas monetarios alternativos pueden ofrecer un gran impulso para las energías renovables. Dentro de los posibles sistemas monetarios que puedan dar respuesta a la problemática económica y ambiental cabe destacar aquellos que utilizan un patrón energético. Del mismo modo que hace pocas décadas nuestro dinero podía canjearse por oro, algunos autores destacan los hipotéticos beneficios de utilizar una moneda canjeable por energía de origen renovable.

Actualmente nuestra economía se mueve mediante dinero fiduciario, lo que significa que el dinero no tiene un valor intrínseco más allá de la confianza de sus usuarios en que una vez lo posean lo podrán intercambiar por productos o servicios de su interés, a parte evidentemente de obligación de pagar impuestos en esa moneda fiduciaria emitida por el estado.

No deja de ser sorprendente que nuestro dinero (medio de intercambio, unidad de cuenta, y reserva de valor) sea totalmente ajeno a los recursos reales de nuestro planeta. Este sistema monetario fiduciario y las consecuencias que éste acarrea, ha llevado a numerosos economistas a plantear la necesidad de volver a utilizar un patrón monetario como el oro, una cesta de productos básicos o bien una unidad energética (como el kWh).

A continuación se detallan algunas de las ventajas de un patrón energético en comparación con otras opciones como el oro o el sistema fiduciario actual:

  • A diferencia del sistema fiduciario, la moneda tendría un valor intrínseco y 100% objetivo.
  • La calidad del patrón no requeriría ser testeada como sucedía con el oro respeto a su pureza – los kWh son siempre iguales.
  • La política monetaria sería independiente de cualquier uso partidista por parte de los gobiernos o los bancos centrales como sucedió con el oro y como viene sucediendo en el caso de la moneda fiduciaria.
  • El volumen de moneda en circulación estaría estrechamente ligada a la actividad económica, en contraposición a lo que sucede con nuestra moneda actual.
  • La distribución de los recursos para obtener el patrón (energía renovable) es mucho más equitativa que el oro y el coste de su generación es más estable desde un punto de vista geográfico.

Al final, y esta es su principal motivación, el uso de este tipo de moneda contribuiría con la rápida proliferación de centrales energéticas basadas en recursos renovables y se aliviaría buena parte de la presión que actualmente ejercemos sobre nuestro planeta. Este importante apoyo se realizaría sin la necesidad de costosas (por bien que necesarias) partidas presupuestarias de gobiernos para apoyar las renovables. Este aspecto es de especial interés dentro de la actual coyuntura de crisis de deuda soberana.

Por último, cabe destacar que a diferencia de los sistemas monetarios alternativos locales, una moneda basada en kWh tendría la ventaja que se podría utilizar en cualquier comunidad y para cualquier negocio, con lo que su aplicación se podría extender rápidamente. Este característica no implicaría que la moneda energética fuera substitutoria de las alternativas monetarias locales, si no complementaria.

EJEMPLO PRÁCTICO

Shann Turnbull describe en su artículo Money, Market and Climate Change un ejemplo práctico muy concreto que intentó llevarse a cabo en EEUU para aplicar una moneda energética. El autor identifica los costes financieros como una de las principales barreras al desarrollo de las renovables, por lo que propone un sistema que intenta minimizarlos. De acuerdo con sus hipótesis, las energías renovables requieren una inversión inicial mayor que las energías convencionales. Contrariamente, apunta que los costes durante el ciclo de vida son sensiblemente inferiores en el caso de las renovables, debido a la ausencia de combustible y a unos costes de mantenimiento menores.

Por consiguiente, Turnbull opina que si se eliminaran los costes del dinero (es decir, los tipos de interés de los créditos) en proyectos de renovables, estos incrementarían su rentabilidad llegando incluso a superar la rentabilidad de proyectos basados en fuentes energéticas convencionales. Para superar dicha barrera financiera, el autor propone un sistema en el que el promotor (la persona/empresa que se dispone a instalar placas solares, un aerogenerador…) obtiene la financiación para su proyecto directamente de los futuros consumidores de energía.

Para ello, el promotor emite a sus futuros usuarios bonos canjeables por kWh (moneda energética) a cambio del dinero que necesita para su proyecto. Una vez finalizado el proyecto, el consumidor paga la electricidad a su distribuidor eléctrico mediante los bonos. A su vez, el distribuidor paga la energía que ha obtenido del promotor (que también ejerce como empresa generadora) mediante los mismos bonos, por lo que el ciclo se cierra. Por lo tanto se crean prosumidores de energía, entes que producen y consumen energía a la vez, con lo que se promueve la resiliencia i la autonomía de las redes eléctricas locales.

El autor propone además, que una vez el proyecto haya sido amortizado, el huerto solar, aerogenerador a cualesquiera de las instalaciones renovables que se hayan instalado pase a ser propiedad del consumidor, con lo que este pasaría a actuar como empresa generadora.

Mediante este sistema el promotor elimina los costes asociados a la obtención del dinero, que alternativamente irían a manos de un banco (retorno del préstamo más un tipo de interés) y reducirían la rentabilidad del proyecto. Desde un punto de vista económico el sistema es asimilable a un crédito libre de interés. Dado que los bonos ejercerían como moneda competitiva de la moneda “real”, el sistema no repercutiría en una mayor inflación si no todo lo contrario, a la vez que se conseguiría una mayor vinculación de la moneda con la economía real. Al mismo tiempo se fomentaría la generación de energía en un nuevo modelo más descentralizado, de acuerdo con la tendencia actual de ver en la generación distribuida y el autoconsumo el modelo del futuro.

CONCLUSIONES

Los sistemas monetarios alternativos pueden contribuir al cambio de modelo energético que necesita nuestra sociedad. Además, algunos autores apuntan que esta contribución sería mucho más eficaz que los planteados hasta día de hoy, como el mercado de emisiones de CO2 o las políticas fiscales favorables para la industria de las energías renovables.

El uso de una moneda basada en kWh presenta ventajas comunes con el resto de monedas alternativas, como el acercamiento de nuestro sistema monetario a la economía real, la reducción del poder de los bancos centrales y, por último, una positiva contribución contra la inflación al no someter la moneda a la emisión costos  como deuda bancaria con tipos de interés compuestos (es decir, con costes financieros exponenciales, muy altos a largo plazo).

El uso de un patrón energético repercutiría en un sistema monetario más vinculado al desarrollo económico, a la vez que fomentaría la inversión en renovables. Este hecho ayudaría a reducir la conflictividad internacional, a preservar el medio ambiente, y a disponer de un suministro energético mucho más robusto y con precios estables o decrecientes.

En el caso de aplicar una moneda energética según el sistema propuesto por Turnbull, el resultado daría lugar a una minimización de los beneficios del sector financiero y, por consiguiente, a una mayor rentabilidad de los proyectos en el sector de las energías renovables. Además, el modelo descrito por Turnbull fomentaría la generación distribuida y el autoconsumo, apostando por un nuevo modelo no centralizado basado en el ámbito local que acercaría al máximo productores y consumidores. Por último, rompería el actual abuso de poder por parte del actual establishment oligopólico de los productores energéticos.

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Ex scientia pecuniae libertas


Sistema de puntos “Salud”

Las familias con una o más personas con sobrepeso u obesidad, tienen acceso a un programa de puntos “Salud” financiado por el Ministerio de Educación, con el objetivo de incentivar bajadas de peso y de prevenir incrementos de obesidad. A cada participante se le asignará un rango de peso (saludable) en el que se le recomienda mantenerse, o un objetivo de reducción de peso en caso de sufrir obesidad. Tal control de peso se realizará, por ejemplo, en la farmacia del vecindario.

Si un miembro del grupo familiar se mantiene dentro de los parámetros de peso preestablecido para él, consigue 10 puntos. Pero si todos los miembros del grupo familiar consiguen los objetivos establecidos, todos ellos reciben 30 puntos. De esta forma se favorece el control mutuo para que los miembros del grupo familiar adopten hábitos de vida saludables y medidas de prevención del sobrepeso.

Los puntos conseguidos podrán gastarse a modo de descuentos en productos y servicios que sirvan para prevenir la obesidad (alimentos sanos, centros deportivos, etc.). El Ministerio de Sanidad financia la conversión de los puntos en dinero para las empresas de productos y servicios que prevengan el sobrepeso.

El valor monetario de los puntos “Salud” deberá calcularse de forma que éste sea igual o menor al ahorro que el sistema nacional de salud consigue por los menores costes en tratamientos médicos anti-obesidad. De esta forma, se fomentan los comportamientos preventivos y la sanidad se pública ahorra recursos en tratamientos clínicos contra la obesidad. Esta moneda no existe pero fue propuesta por Bernard Lietaer en el libro “Monedas Regionales”.


Moneda social para dinamizar la comunidad (Toreke)

Un ayuntamiento creó una moneda social, en forma de billetes físicos con estándares anti-falsificación, para dinamizar socialmente un barrio marginal y empobrecido. El objetivo de esta moneda es favorecer la implicación del vecindario en los asuntos de la comunidad, en particular para mejorar la limpieza y ajardinamiento de las calles. Primero, el ayuntamiento consultó a los vecinos para saber lo que es lo que más querían en su barrio y que no había, y estos respondieron espacios verdes y huertos urbanos.

El ayuntamiento construyó estos huertos urbanos, y puso los en alquiler a un coste, el precio del cual se debe pagar en moneda social. Los vecinos consiguen moneda social mediante voluntariado en proyectos para dinamizar la comunidad. Se puede ganar esta moeda con más de 500 actividades de voluntariado como, por ejemplo, la limpieza de las calles, limpiar la el polideportivo del vencindario después de eventos deportivos, poner flores en los huecos de fuera de las ventanas, poner adhesivos de no publicidad en los buzones, plantación de plantas en espacios públicos ¡incluso se llegó a plantar flores en los huecos de los árboles de la calle!

Los vecinos podía utilizar moneda social para hacer intercambios entre ellos, o para pagar comprar productos biológicos, productos hortícolas de temporada, bombillas de bajo consumo, billetes de transporte público, y entradas en el cine del barrio. Además, los vecinos pueden pagar el alquiler del huerto urbano público con moneda social. Mientras tanto, se ha conseguido implicar activamente a la los vecinos en las tareas de voluntariado para la comunidad.

Este sistema, con el nombre de Torekes, se está implementado desde 2011 en la ciudad de Gent (Bélgica) desde el año 2010 (www.torekes.be). Se trata de uno de los barrios más difíciles, con más inmigrantes y diversidad cultural y también de los más empobrecidos. De estas forma favoreciendo a la vez el sentido de comunidad, se remunera el voluntariado y se favorecen comportamientos ecológicos.

EL proyecto se financia con el presupuesto que antes se dedicaba a los servisios que ahora hacen los mismos vecinos del barrio, solo unos 50.000€. Los comercios pueden cambiar la moneda social a Euros (1 toreke = 1 Euro), pero antes de la conversión ha circulado más por la comunidad. Se ha calulado que cada Euros invertido a través de Troekes tiene unas tres veces más impacto que con la forma de gasto anterior, y si se escalara este proyecto a mayor tamaño ¡el impacto sería aún mayor!


Tickets de Atención a persona mayores

Se crea una red de apoyo, atención y cuidado a personas mayores, formada por las mismas personas mayores y por la población en general. El objetivo es mantener a las personas en su casa el mayor tiempo posible, y evitar su ingreso en caras y incómodas residencias geriátricas. Cuando se cuida por una hora a una persona mayor, se obtiene un “Ticket de cuidado a personas mayores”. Cada ciudad del país tiene su propia red de apoyo a las personas mayores.

Las personas, mayores o no, que cuiden a personas mayores pueden ahorrar los “Ticket de cuidado a personas mayores” para que alguien les cuide cuando lo necesiten, por ejemplo, para que alguien les ayuden con las tareas domésticas cuando estén enfermos. Alternativamente, pueden enviar los tickets obtenidos a sus padres o abuelos en otras ciudades para que alguien cuide de ellos cuando lo necesiten.

De esta forma, se consigue un gran número de horas de trabajos de cuidado a la gente mayor sin coste alguno en dinero. Este sistema puede complementar las insuficiencias de los sistemas de pensiones o los servicios sanitarios, dado el aumento de costes que significará el envejecimiento progresivo de la población.

Este sistema ha estado funcionando desde 1995 en Japón, llamado Fureai Kippu y gestionado a nivel nacional por la Sawayaka Welfare Foundation. Su utilización ha descendido desde que recientemente Japón ha mejorado su sistema nacional de salud. De todas formas continua en funcionamiento para todos los servicios de atención a las persona mayores no cubiertos por el sistema nacional de salud. Cuando se ha encuestado a las personas mayores si preferían los cuidados de las personas que coraban tickets-hora o los cuidados de las personas que cobraban en dinero, la respuesta abrumadora ha sido que preferían los primeros.


Sistema de puntos “Verdes”

El Departamento de Medio Ambiente establece un sistema de puntos llamados “Verdes”. Este sistema de puntos incentiva el reciclaje por parte de la población, mediante incentivos en forma de descuentos en el transporte público. Los “Verdes” se consiguen llevando basura pre-seleccionada a lugares de recogida establecidos por el Departamento.

Dependiendo del tipo de basura, se da más puntos o menos, por ejemplo traer aceite refrito da más puntos “Verdes” que traer pilas, y traer pilar da más puntos que traer latas. Los puntos conseguidos son canjeables por tickets de transporte público gratuitos, a razón de X puntos “Verdes” tarjeta de transporte.

De esta forma, se consigue fomentar que la ciudadanía traiga basura pre-seleccionada a centros de recogida, lo que reduce los costes del sistema de reciclaje. El incentivo es obtener tickets que dan acceso gratuito a autobuses y metro, es decir, se aprovecha la capacidad infra-utilizada del transporte público (siempre caben algunos pasajeros adicionales en el metro) para fomentar el reciclaje.

Un sistema muy similar al descrito aquí se estableció en la ciudad brasileña de Curitiba, que por esta y otra políticas fue declarada la capital ecológica del mundo por Naciones Unidas en 1992. Se puede encontrar más información del caso de Curitiba en el libro “Monedas Regionales” (Lietaer y Kennedy 2006).


Sistema de puntos “Saber”

En el contexto de un programa de becas para estudiantes, una o varias escuelas organizan a una red de niños para que se enseñen entre ellos, lo que en pedagogía se llama peer-to-peer learning. Esta red de niños se organiza de la siguiente forma: los niños de 16 años enseñan a los de 14, los de 14 años enseñan a los de 12, los de 12 a los de 10, y así sucesivamente. A los niños de 8 años se les da 50 cupones, cada cupón vale por una hora de enseñanza para que niños mayores le ayuden con las tareas escolares, por ejemplo hacer los deberes, o repasar asignaturas en que el niño necesita mejorar.

Los niños  de 10 años que reciben estos cupones pueden ahorrarlos, o pueden gastarlos para que los de 12 les ayuden con sus tareas escolares. Al final del sistema educativo, los niños que haya conseguido más vales podrán usarlos a modo de descuento para pagar parte de la matrícula universitaria, a razón de X dinero por cupón.

El Ministerio de Educación o una entidad benéfica financiadora de este sistema de becas estudiantiles en moneda social habrá firmado previamente un acuerdo con la universidad, por el cual la universidad canjea los cupones por euros. De esta forma se consigue que los niños se enseñen entre ellos, a un coste mucho más bajo que el que hubiera significado contratar a maestros adultos por todas esas horas de enseñanza.


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